En el marco del foro L’eccellenza del estilo italiano, organizado por el Italian Trade Agency (ITA), ‘SPEND IN Magazine’ propició el encuentro de diez joyerías que representan lo mejor de este sector en nuestro país. Un cualitativo “Top Ten” con el que tuvimos el privilegio de compartir experiencias y reflexiones sobre el momento actual, sobre las tendencias que vienen, sobre la evolución del mercado y sobre la esencia de una profesión en la que la confianza es tan fundamental como unos sólidos valores, auténtica brújula en los tiempos de inestabilidad y cambio. En su quince aniversario, esta publicación, fiel a su línea editorial, quiso pulsar la opinión de estas empresas, demasiadas veces ignoradas por los canales “mainstream”. Voces independientes, libres, dueñas del destino de sus empresas que a lo largo de estos años nos han acompañado en esta aventura editorial; gracias a ellos (MONTIEL - Pamplona). ‘SPEND IN Magazine’ es el medio de comunicación, el canal, de todos esos lectores que no se conforman con la apariencia, con los convencionalismos repetidos mil veces por los medios masivos. Llegar a la esencia que mueve a cada persona, a cada firma, exige voluntad e inconformismo, sin duda un espíritu que, de una manera u otra, comparten estas diez empresas que desde Pamplona a Sevilla, de Valladolid a Alicante representan no solo un estilo de joyería sino una manera de entender una actividad empresarial que se ha convertido para todos ellos en todo un estilo de vida. Empresas familiares, casi centenarias en algunos casos, a cuyo frente se encuentran sus propietarios, profesionales que en su día a día defienden, más allá de la frialdad objetiva de una cuenta de resultados, el prestigio y reputación de un apellido, de una saga cuyas virtudes, conocimiento y espíritu son un patrimonio que se transmite de padres a hijos. Como recalca Gonzalo Fernández de Prado: “Una empresa familiar que lleva tantos años se nota. No es un negocio para tres o cuatro años sino para toda la vida. En una multinacional hay unos intereses que son fundamentales. Tienen que dar unos números por encima de todo, por contra, para nosotros, lo que más importa es que el cliente salga de nuestras joyerías más que contento”. Este modelo de joyerías se caracteriza por la honradez y la fidelidad a unos principios que sus clientes saben valorar desde hace décadas. Un servicio exclusivo, el conocimiento exacto de las necesidades de cada cliente, la apuesta por el trabajo artesano, la búsqueda constante de las propuestas más interesantes que ofrece el mercado son algunos de los pilares sobre los que se asienta un “savoir faire” que es sinónimo de excelencia. Algo que el cliente con criterio sabe valorar por encima de los fuegos artificiales del marketing y las modas. Ilusión, futuro, honradez, autenticidad y confianza son algunas de las palabras que más se han repetido en este foro. Una de las sensaciones compartidas es que el momento actual, con todos los cambios y retos que plantea, ofrece muchas oportunidades. De hecho, la alta joyería es un sector que se ha revalorizado como inversión en los últimos tiempos. Jorge Gil Álvarez subraya que: “La joyería tiene el atractivo de ser una inversión en un bien que gusta al cliente, que se disfruta mientras gana valor día a día”. Este valor refugio se combina con una adaptación a nuevas realidades como el e-comerce o la ampliación del campo de acción que propicia el mundo digital. Cristina Muela destaca la necesidad de superarse día a día, de mirar al futuro con confianza: “hay que estar preparado para enfrentarse a los nuevos retos que plantea la expansión y las nuevas tecnologías, combinando técnicas de venta tradicional con la venta online, incluso fuera de nuestras fronteras. Todo ello respaldado por el entusiasmo de la familia que contagia al exterior y hace que sirva de motor, en cualquier circunstancia y situación”. Ese factor humano complementario es clave y una de las ventajas comparativas que pueden ofrecer estas empresas tanto por la flexibilidad y adaptación rápida a diferentes escenarios como por la libertad que les da no depender de instancias superiores para tomar sus decisiones. En sus boutiques el cliente tiene la confianza y la seguridad de que es asesorado por el propietario y su equipo personalmente. Una labor en la que se pone en juego el prestigio el nombre y unos apellidos. María José Tarín considera que este es un punto fuerte de su modelo de joyería: “El cliente siempre recibe un trato completamente personalizado y muy profesional. Ofrecemos la posibilidad de disfrutar de la joyería y la relojería en un ambiente relajado de absoluta confianza con un servicio exquisito. Nuestro empeño es que el trato sea impecable en cualquier venta, desde una reparación a una gran joya”. Un punto de vista que comparte Juan Carlos Abrines: “La experiencia que hemos acumulado nos ha servido para consolidar nuestra propuesta. Porque sabemos perfectamente que la actividad a la que nos dedicamos no consiste únicamente en vender joyas y relojes. Para el cliente son mucho más que eso. Son pasión, un juego divertido y sensual, incluso el anhelo de toda una vida. Un diamante tiene ese poder y también el caminar incesante de un tourbillón dentro de su jaula”. La constante puesta en valor del trabajo artesano, de las gemas de calidad, de esas manos expertas que hacen una pieza única es otra de las constantes que fueron destacadas en este foro del estilo. Tradiciones ancestrales que se revitalizan con las gotas de diseño que hacen que la artesanía sea vanguardia. Un espíritu que para María del Palacio se sintetiza en la siguiente fórmula: “Artesanía y calidad unidas a un exquisito diseño en cada una de nuestras piezas de alta joyería. Una máxima que se resume en una frase distintiva: Eterna exclusividad, el valor de un compromiso”. La artesanía con mayúsculas es un factor diferenciador que, junto a la constante búsqueda en ferias internacionales, hacen que estas joyerías puedan ofrecer a su clientes las últimas tendencias con la garantía de calidad que solo puede conseguir un “atelier artesano” como recuerda María José Tarín: “Nuestros talleres ofrecen la posibilidad de crear a medida cualquier joya y modificar piezas heredadas o antiguas dándoles una nueva vida adaptada a los tiempos de hoy. Nuestro esfuerzo diario consiste en la búsqueda de nuevos materiales y de las mejores gemas del mundo”. Una orientación que también sigue en sus joyerías Cristina Muñoz: “intentamos ofrecer joyas, vanguardistas, con ese toque que las hace diferentes al resto, pero siempre con el “savoir faire” que nos caracteriza. Para ello hay que estar al día y acudir a las diferentes ferias en los distintos continentes, para cada año tener ideas renovadas y frescas. Y siempre actualizados con cualquier novedad relojera que surge en este mundo de la alta relojería que evoluciona a una velocidad huracanada, pudiendo ofrecer al cliente un abanico extenso de las más prestigiosas firmas de la alta relojería”. Sin duda un camino de futuro que es importante no solo para ese cliente “Premium”, que sabe apreciar el servicio y la calidad, sino para el conjunto de la sociedad, ya que estas empresas con su actividad colaboran en la conservación ese tejido comercial tradicional que da personalidad a nuestras ciudades, tan amenazadas por la uniformidad que predican los impersonales centros comerciales.